El camino de la felicidad

Hoy es el día Domingo 20 de Abril del año 2.014. Estamos en el final de la Semana Santa y me tuve que levantar muy temprano porque no podía dormir más. Muchas ideas daban vueltas en mi cabeza y a las siete de la mañana, cuando recién está empezando a amanecer en Buenos Aires, decidí que lo mejor que podía hacer era levantarme y ponerme a escribir lo que estaba pensando.

Hace poco más de un mes estoy viviendo días especiales, y cada jornada que pasaba me sentía un poco más feliz. Pero gracias a Dios, puedo decir que durante esta Semana Santa, más precisamente en el amanecer de hoy Domingo, día de la Resurrección de Jesús, alcancé a tomar conciencia que estaba circulando por el camino de mi felicidad.

Ya venía haciendo el trayecto por esa ruta al menos durante los últimos dieciocho años, pero aún no me había dado cuenta que un día le iba a poner un nombre tan significativo y atractivo para mí. Si no cambié de senda en tanto tiempo y estoy tan contento como ahora de transitarla, imagino que no desearé en otro momento tomar otro camino. Dudo que me quiera desviar del que me hace tan feliz.

Ustedes me conocen desde hace un tiempo, y espero que se alegren conmigo de mi felicidad. Antes de que tomen una posición sobre lo que voy a decir, los invito a que piensen que mi camino puede coincidir de alguna manera con el suyo, y que puede ser genérico. Si piensan que aún no sienten que transitan por el camino de su propia felicidad, los invito a leer con mayor atención mi testimonio personal.

Hace tres días fue el aniversario del fallecimiento de mi madre. Se cumplieron 18 años de su prematura muerte, antes de cumplir sus 60 años. Participamos de una muy linda Misa de Jueves Santo con mi hermana Gabriela, y luego compartimos un grato momento juntos en su casa. Me hace muy bien pensar que mamá desde el Cielo pueda disfrutar de ver que sus dos hijos amados se quieren y respetan, y que juntos física y espiritualmente, la recordaron con cariño y con tristeza, pero sin dolor.

No siempre fuimos unidos, crecimos bastante distanciados, y atravesamos momentos difíciles en nuestra relación, pero el amor fue más fuerte. Sin expresarlo, cada uno tuvo un compromiso interior de amor hacia el otro, y hoy puedo asegurar que rindió sus frutos.

Mi mamá Sumak murió menos de un año después de la muerte de Adrián, su segundo marido que nos crió a Gabriela y a mí como si fuéramos hijos suyos como los dos que ya tenía de su primer matrimonio. Adrián murió el día de mi cumpleaños el 13 de Junio, y mi tío Leo también falleció en medio de las otras dos fechas.

Yo podría haber pensado que Dios me había abandonado, que se estaba alejando de mí, pero no tuve tiempo de hacerlo. Tres días después de la muerte de mamá tuve un signo trascendente, que cambió mi vida. Sentí la presencia de mamá, como diciéndome acá sigo estando junto a vos. Ya nada fue igual. Sentí y creí que el Cielo existe, que hay algo más después de la muerte. Un tiempo después sentí la presencia de papá Adrián en otro hecho tan sorprendente como el anterior. Yo ya no necesitaba más signos, pero pienso que él también me quiso decir que estaba conmigo. Supe estar atento a los signos, que estoy seguro que todos tenemos. No creo en las casualidades, creo en causalidades.

Para mí Dios nos va mostrando el camino para llegar a reencontrarnos con Él. Los acontecimientos y encuentros que nos tocan vivir, junto con nuestros seres queridos que con su amor incondicional interceden por nosotros desde el Cielo, nos muestran el camino para que lo logremos. Vamos a encontrar sentido a sus muertes sintiendo su amor más allá de su partida física, si estamos atentos a que los sucesos y los signos tienen un significado de amor. Si lo logramos, seguramente vamos a poder percibir el amor que Dios tiene por nosotros, y muy probablemente vamos a intentar mantenernos en paz interior y armonía con Él o intentar recuperarlas en caso de haberlas perdido. Si estamos atentos a que los sucesos y los signos tienen un significado, vamos a poder sentirnos cerca de Dios y dar sentido a las muertes de nuestros seres queridos sintiendo su amor más allá de su partida física. Algunos de ellos también necesitan de nuestras oraciones.

A partir de esos acontecimientos, y mientras estaba en el proceso de duelo, hubieron personas como mi amigo Pablo, que me acompañaron y me ayudaron en el proceso de mi retorno a sentirme plenamente un hijo de Dios. Me acercaron a la Misa y me sorprendió que empecé a disfrutar de participar en ella y de encontrarle un sentido que hizo que nunca más dejara de concurrir. Me acercaron a los sacramentos, y tomé la Confirmación, en una decisión de total compromiso interior.

El Espíritu Santo fue más fuerte que mi anterior pereza espiritual, y desde ese tiempo siento que me acompaña. Ahora doy gracias a Dios por todo, porque aprendí a sentirlo junto a mí. Hace poco más de un mes recibí un nuevo regalo suyo.

Una mañana se cruzó nuevamente en mi vida una persona que me había abierto posibilidades laborales cuando estaba recién recibido. Rodrigo otra vez sembró una semilla en mí, y ya empezó a germinar. Para mí, fue un instrumento de Dios.

A mis casi 54 años, por muchos motivos no estaba satisfecho con el trabajo que estaba teniendo. Con la confianza en la providencia divina, sentí que podía aspirar a tener una actividad laboral que me brindara más satisfacciones y/o que me permitiera desarrollar a fondo mis proyectos que me acercaran a cumplir mis sueños y misiones pendientes.

Por esos motivos me dispuse a intentar un cambio laboral, que es más bien una ampliación de lo que ya hacía, sumado a reincorporar actividades que había disfrutado en el pasado. En muy poco tiempo incorporé el compromiso interior necesario para intentar un cambio que me haga una persona más plena y satisfecha, y estoy decidido a intentar vivir esa experiencia de plenitud. Siento que el Espíritu Santo me guía para hacerlo y tengo confianza en lograrlo. El convencimiento es más fuerte que las dudas.

Con esa confianza y compromiso he llegado a la conclusión que estoy en el inicio de una nueva etapa de mi misión personal, que llevo adelante a través de FE + FE. La fortaleza interior y la fe viva que siento desde hace dieciocho años, cuando tres días después de la muerte de mamá sentí su presencia y tuve la certeza de que existe algo más allá de la muerte, pienso que hoy ha llegado a su mayoría de edad, y la tengo que dejar volar fuera de mi entorno inmediato para que llegue hasta lugares impensados.

Desde esos lejanos días de duelo quise compartir con los demás las herramientas que me habían ayudado a salir delante de mis penas y dolores, y que me siguen brindando fuerzas para sobrellevar las dificultades y obstáculos que la vida me va presentando.

Siento que llegó el momento de salir a misionar de la mano de Jesús, y no tengo dudas ni miedo de que me va a acompañar a través del Espíritu Santo. Me voy a dejar llevar. Me entrego a la voluntad de Dios, para que la divina providencia me guíe.

Hoy recordamos la resurrección de Jesús. Los cristianos comprometidos lo celebramos en nuestros corazones, desde el lugar en donde nos encontremos. Sentir su presencia viva nos brinda la confianza interior de que no estamos solos transitando por la vida. Jesús dijo que Él es el camino, la verdad y la vida. Junto a Dios Padre desde el Cielo nos regalan su Espíritu Santo para que nos demos cuenta que están con nosotros y nos brindan su amor. Nosotros podemos llenar nuestras vida de un amor similar, incondicional.

Jesús nos dejó un mandamiento de amor que lo podemos seguir si lo creemos, lo sentimos importante, lo queremos incorporar a nuestras vidas y lo hacemos con convencimiento desde nuestro compromiso interior: “Amarás a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a vos mismo”. Yo tomé plena conciencia de que quiero seguir lo que Jesús nos propuso y nos sigue proponiendo cada día de nuestras vidas.

Siento la cercanía divina en mi vida, y esa sensación junto con la confianza que me brinda, me hace sentir pleno y feliz. Mi camino por la vida lo transito con las tres personas divinas, y si presto atención y valoro hacia donde me está llevando esa senda, no voy a tomar caminos alternativos; ninguno me va a resultar tan gratificante, enriquecedor, desafiante, generoso, pleno y reconfortante.

En la vida aprendí que se puede disfrutar el proceso antes que el resultado. Puedo vivir el Cielo mientras vivo en la tierra, como si fuera un adelanto de la plenitud. Ese es mi camino hacia la felicidad. Hoy siento que lo tengo incorporado plenamente a mi vida.

Tengo un GPS que es el Espíritu Santo, que transita el camino de mi vida junto a mí. Todos los bautizados tenemos la posibilidad de sentir su presencia si le prestamos atención. Nos acompaña desde que nuestros padres decidieron que sería nuestro “padrino” espiritual y nos hicieron bautizar desde que éramos muy pequeños y estábamos indefensos. Ya crecimos, pero seguimos necesitando de su ayuda.

Si no sentimos la presencia del Espíritu Santo y queremos hacerlo, solo basta rezar y pedirla. Podemos orar por esa intención en nuestros hogares, en la Iglesia o en cualquier lugar. Sólo hay que desearlo. Creer y confiar que podemos recibir su guía y compañía harán el resto. Sólo es cuestión de intentarlo. Lo que no se busca con interés genuino y real convencimiento de que se puede lograr, es más difícil de conseguir.

Mi experiencia es que si uno está enfocado, abierto y comprometido con un fin, con mucha paciencia y sin fijación de plazos podrá lograrlo. Yo tardé dieciocho años en hacer volar mis sueños y proyectos más allá de mi entorno inmediato.

Desde hace mucho creo en el valor de los testimonios, y si lo que se expresa en ellos se sustenta en los comportamientos, a mí me brindan más credibilidad. Espero que lo que hoy comparto con uds. les pueda ser de utilidad, y que sea capaz de sustentarlo con mis propias acciones y comportamientos pasados, presentes y futuros. Es un gran desafío para mí, y lo voy a encarar con felicidad, por el camino que transito de la mano de Jesús, guiado por el Espíritu Santo. Nada me brinda mayor plenitud.

Veo el reloj. Son las 11:00 hs. y me doy por satisfecho con el texto. Pude expresar lo que venía sintiendo. Ya puedo seguir disfrutando de la alegría de saber que Jesús resucitó hace más de dos mil años y aún sigue todos los días junto a mí y con los que creen en Él.

A mí me encanta sentir su presencia y me emociono en Misa cuando cantamos la canción Pescador de hombres: “….sonriendo dijiste mi nombre, en la arena he dejado mi barca, junto a ti buscaré otro mar….” Hace un rato la emoción me embargó, nubló mis ojos y me llenó de lágrimas. Hoy siento a Jesús conmigo y me llena de felicidad aunque recién haya llorado. Está al alcance de quien quiera tenerlo cerca, sólo hay que desearlo.

 

Javier Serrano Agüero                                               javierserrano_ag@yahoo.com.ar

 

Que estas palabras te acompañen y te sirvan de guía hoy y siempre.

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Volveré más fuerte que antes

Esta es una historia de brutales accidentes, de insobornable fe y, fundamentalmente, de entusiasmo por la vida y pasión por el deporte. Una historia que, para quien conlleva una profunda convicción religiosa, también es de milagros. Robert Kubica, su protagonista, tiene 26 años. Es el primero y hasta ahora único piloto polaco que llegó a la Fórmula 1, en la que compite desde 2006. Su compatriota, el papa Juan Pablo II, había fallecido el año anterior. Robert lo veneraba y la muerte del pontífice sólo engrandeció la adoración que siente por él. Por ello, suele participar de las carreras con una estampita adjunta a su casco. En el GP de Canadá de 2007, su BMW salió despedido contra las protecciones después de perder el control en el trazado de Montreal, impactó con una violencia descomunal contra las protecciones del circuito y quedó tumbado. Su piloto, inerte en el habitáculo, hizo callar las transmisiones deportivas. Semejante golpe a más de 250 km/h hizo temer lo peor, aunque nadie se arriesgaba a decirlo.

Apenas dos días después, con sólo un leve esguince en el tobillo izquierdo, Kubica saludaba sonriente desde la puerta del hospital. ¿Un milagro? El Vaticano, en plena recopilación de pruebas como parte del proceso de beatificación del extinto papa, no desestimó el desenlace de ese golpe de Kubica como una gracia celestial. Un año después, en el mismo circuito, el polaco ganaba su primer Gran Premio. La coincidencia, para muchos, conllevaba un halo divino.

El domingo pasado, cuando despuntaba el vicio en el rally Ronde di Andora, en Génova, de nuevo la tragedia sobrevoló en la vida de Kubica. Su Skoda se salió de la ruta en un tramo resbaladizo y rompió una baranda de hierro que atravesó longitudinalmente el coche. Las primeras noticias fueron alarmantes: era inminente la amputación de una mano y hasta se dijo que la vida del competidor corría peligro. Ni una cosa ni la otra. Rompiendo otra vez los parámetros de la lógica, Robert mostró una inusual recuperación.

El plazo de regreso se lo estimaron en un año. Kubica, respetuosamente, lo descartó. “Volveré antes de que termine esta temporada y estaré más fuerte que antes. Sólo tienen que operarme y luego veremos”, le dijo el piloto de Lotus-Renault a La Gazzetta dello Sport, como si cargara con la obligación de estar siempre en un frente de batalla, listo y dispuesto. “En mi mente sólo está empezar la preparación. Quiero volver a las pistas. Ni siquiera sé cómo es un hueso, pero si me lo arreglan, me toca a mí hacerlo funcionar”, agregó con su parsimonioso modo de decir.

Después, recibió del cardenal Stanislaw Dziwis, arzobispo de Cracovia, un relicario con un trozo de túnica y una gota de sangre del papa Juan Pablo II, el mismo que desde una foto protege su sueño en la mesa de luz del hospital de Pietra Ligure. Allí espera Kubica su regreso, para volver a acelerar y de paso, a refrendar sin temores que siempre es posible creer en nuevos milagros.

Por Daniel Meissner LA NACION

Jesús ha nacido

Ya está. Ya se ha producido una vez más, al igual que viene ocurriendo desde hace dos mil años. Jesús ha vuelto a nacer.

Sus enseñanzas y la esperanza en sus promesas se han renovado en millones de seres humanos en todo el mundo. La fe en Dios se ha realimentado.

Para los que lo buscamos, el encuentro con Él siempre es un momento trascendente en nuestras vidas. Nos acerca a una realidad amorosa y de paz interior más allá de nuestra comprensión; coloca a nuestro espíritu en una dimensión distinta, donde podemos vislumbrar el cielo.

Para los que hoy sólo se plantean algunas inquietudes respecto a Él, también esa semilla de interés puede abrirlos en el futuro a vivencias que por ahora no imaginan. La clave para el acercamiento está en el corazón, no en la razón.

La razón nos puede acercar a Jesús hasta llegar al límite de los misterios. Ella por sí sola no va a encontrar todas las respuestas a nuestras preguntas.

Los creyentes maduramos nuestra fe a partir de los cuestionamientos, pero siempre es nuestro corazón abierto a lo invisible el que nos guía e ilumina nuestra alma.

El corazón es el que entiende del amor puro y fraterno; es el que posibilita y disfruta los beneficios del dar y recibir, del perdonar y ser perdonado.

Jesús siempre habló a los corazones, y si su influencia en los hombres ha perdurado por aproximadamente diez mil generaciones, es porque su mensaje llega a lo profundo de nuestro ser.

Alguno puede plantear que no cree en Jesús porque no cree en sus milagros y su resurrección. Yo me pregunto, ¿ podemos afirmar que Jesús realmente ha muerto, si su mensaje de amor sigue hoy vigente y renace cada Navidad ? ¿No es milagroso que millones de personas lo vivan así, en medio de un mundo tan racional y distraído en asuntos terrenales ?

Ojalá que el interés en su vida y su influencia en la vida de la gente o el replanteo de sentimientos propios se hayan reiniciado en muchísimas personas en ésta Navidad, y que el amor a nuestros prójimos haya vuelto a ser colocado entre las prioridades de muchos.

Jesús, dos mil años después sigue vivo sembrando y cosechando en los corazones.

Con mucho amor, Javier

25 de Diciembre 2001

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Austera Navidad

Se acerca la Navidad, por eso mi reflexión de hoy tiene que ver con la propuesta que Pablo Deluca nos hizo hace unos días, invitándonos a dejar nacer a Jesús dentro nuestro.

Nos hemos encargado bastante exitosamente de desvirtuar y despojar a ciertas fechas de su verdadera esencia y significado. Por ejemplo, eso sucede con la Semana Santa y con las fiestas patrias, debido a la idea de aprovechar los feriados largos. Si no estamos atentos, con la Navidad puede suceder lo mismo.

Recordemos que Papá Noel y sus regalos son sólo una cara de la celebración, y no precisamente la más trascendente. Éste personaje tan simpático y querido constituye una tradición nacida mucho tiempo después del motivo original del festejo navideño.

Muchas veces somos influidos por el marketing de regalos navideños, y olvidamos lo importante. En Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador, nuestro hermano y nuestro guía. Si nace en nosotros, será fuente de inspiración para acercarnos a Dios y a su reino de paz y amor.

Cuando nos centramos en los presentes, es probable que algunos de nosotros nos hayamos acostumbrado a dar y / o recibir regalos importantes y caros en Navidad.

Si ese fuera el caso y nos dejásemos llevar, las limitaciones que las dificultades económicas actuales nos imponen a la gran mayoría de los argentinos, nos agregarán una presión adicional o una frustración en el momento de elegir o de recibir los presentes navideños de este año.

Si recordamos las circunstancias de la Navidad podemos sacarnos presión y aliviar nuestro ánimo decaído. Pablo nos recordó hace unos días, que Jesús nació en un lugar muy humilde y que vivió austeramente. Durante su vida pública predicó el desprendimiento de lo material y la importancia de la vida espiritual.

Por eso, si reflexionamos, podemos no echar de menos los lujosos y ostentosos regalos de otrora, que este año difícilmente podamos comprar.

Si lo hacemos, en esta Navidad que seguramente se presentará muy austera en muchísimos hogares, podremos reconfortarnos al sacarnos o sacar a otras personas de encima la presión de que nuestros hijos y seres queridos reciban menos y más humildes regalos.

Los invito a que en estos días recordemos que estamos por celebrar el cumpleaños de Jesús, y que nuestro mejor regalo navideño es que nosotros y quienes nos rodean nos acordemos de Él por sobre todo lo demás; y que podamos abrir nuestro corazón para dar amor a nuestros prójimos que nos necesitan, están sufriendo o que están solos.

Papá Noel no se ofenderá y sabrá entender si colocamos a Jesús en el sitio de honor en esta Navidad que ya está próxima.

Javier Serrano

Diciembre 2.001

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Preparemos nuestro corazón para la Navidad

Este escrito adjunto, surgió de mi corazón a las 8:00 hs de la mañana de hoy. (30/11/01) Me preparé un cafecito, me senté frente a la notebook y dejé que mis dedos empezaran a escribir.

Aquí va…espero que les sirva para uds. y/o a sus familiares y amigos.

Pueden adaptarlo, corregirlo, mejorarlo, completarlo, …en fin lo que les parezca, lo importante es que nos haga reflexionar y que llegue donde tenga que llegar para que esta Navidad estemos bien preparados.

Los saluda cordialmente.

Pablo Deluca

 

 

Preparemos nuestro corazón para recibir a Jesús en esta Navidad.

Siempre escuché: “…pidamos que Jesús nazca en nuestros corazones”, pero meditando un poco, eso será posible si primero renovamos nuestro corazón. Jesús nació en un portal de Belén y sobre un pesebre.

Nuestro corazón podrá recibir con plenitud a Jesús cuando sea :

  • Primeramente un corazón simple, sencillo.
  • Un corazón que se deje moldear por Su Madre María para prepararlo con la forma de Su Hijo.
  • Un corazón con paz para recibir al Rey de la Paz.
  • Un corazón atento a las cosas de Dios, para poder estar preparado para recibir tan importante visita.
  • Un corazón humilde.
  • Un corazón sin tinieblas ya que será testigo de la Luz.
  • Un corazón que ame de verdad y ame la verdad.
  • Un corazón justo.
  • Un corazón puro.
  • etc.,etc., etc.

Si sentís que tu corazón es complicado, no es dócil, no tiene mucha paz; que está más en las cosas del mundo que en las de Dios, que está lleno de soberbia, que está lleno de tinieblas como la injusticia y la impureza, corre a reconciliarte con Dios de corazón, contale al cura en confesión todas estas características de tu corazón ya que él tiene el quita manchas más efectivo que exista en esta tierra, que es el misericordioso perdón de Dios, que limpia al que se deja limpiar, que purifica y borra tinieblas en el acto mismo del arrepentimiento, que derrota toda soberbia, toda injusticia y toda impureza. El perdón de Dios libera nuestras cargas y como consecuencia trae la paz a nuestro corazón. Así estaremos preparados para recibir, cada día a Jesús en la Eucaristía y especialmente en este tiempo de adviento que empezamos a vivir, para que al llegar el cumpleaños de Jesús, en esta nueva Navidad, tengamos preparado nuestro corazón como un pequeño y humilde pesebre, pero lleno del calor del Amor de Dios recibido al momento de dos sacramentos importantísimos como lo son la Reconciliación y la Comunión.

Que Dios nos de la gracia de pasar este adviento en oración y logrando cada día la conversión de nuestros corazones, para llegar a ser testigos de la Luz y así salir en misión a iluminar con nuestro ejemplo a los demás.

Con mucho cariño para todos ustedes.

Pablo Deluca

Viernes 30 de noviembre de 2001

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Testimonio de la viuda de un bombero

La viuda de un bombero de Nueva York perdona a sus asesinos

Jean Palombo se queda con diez hijos, el mayor tiene quince años

NUEVA YORK, 9 noviembre 2001 (ZENIT.org).- «Perdónales, porque no saben lo que han hecho». Estas son las palabras que pronuncia Jean, de 41 años, la esposa de Frank Palombo, de 46 años, uno de los heroicos bomberos de Nueva York que falleció en el atentado a las Torres Gemelas.

Jean, que se casó con Frank en 1982, se queda ahora sola con diez hijos. El mayor tiene quince años, la menor, Margaret, uno. Frank pertenecía a la parroquia de San Columbano, en Nueva York, y formaba parte del Movimiento Neocatecumenal.

«La mañana del 11 de septiembre me desperté totalmente alterada pues creía que estaba encinta –revela Jean en una entrevista concedida al semanario italiano «Tempi»–. Le dije a Frank: “No puedo otra vez, tan pronto, me volveré loca”. Frank me respondió: “No te preocupes por eso…, por cierto, ¿cómo le vamos a llamar?”. Me eché a reír. Siempre sabía cómo hacerme reír…».

Después de dejar a los niños en el colegio, Jean oyó un estruendo y pronto escuchó rumores sobre el primer avión estrellado contra una de las Torres.

«Pronto aprendí en mi matrimonio que la mujer de un bombero no tiene que ver nunca el telediario cuando su marido está trabajando durante una desgracia, y es lo que hice –sigue contando Jean–. En la noche comprendí que algo no había salido bien, pues no había llamado y nadie sabía dónde estaba su equipo».

«A medianoche supimos que estaban dispersos –añade–. Algunos días después, supe que no estaba encinta. El 2 de octubre volví al «Ground Zero» (la zona de las Torres Gemelas) con mis catequistas, y entonces fui capaz de volver a casa y de decir a mis hijos que su padre había muerto».

La vida de Jean y Frank no siempre fue un idilio, confiesa la esposa. «Hace diecisiete años había dejado la Iglesia, no quería hijos, mi matrimonio se estaba rompiendo poco a poco en pedazos. Frank me invitó un día a escuchar algunas catequesis. Le dije: “Es lo último que haré en la Iglesia católica”».

«Aquella noche pude ver el cristianismo en una pareja itinerante que esperaba a su cuarto hijo –confiesa–. Lo habían dejado todo: casa, carrera, su país, para anunciar el Evangelio. Pensé: “Dios me ama tanto que ha suscitado en alguien este deseo para que yo pudiera escuchar la Buena Nueva”».

«Al ver ese amor, comprendí inmediatamente que no tenía ese amor ni siquiera por mi marido –añade–. Inmediatamente después, en una catequesis, escuché decir a Giuseppe (el catequista):

“Crees quizá que Dios es un monstruo para no dejarle hacer su voluntad en tu vida…”. Me abrió la vida y hoy, con diez hijos, puedo decir que Dios conocía los deseos de mi corazón».

Ante la pregunta por lo que ahora experimenta Jean, tras la pérdida de Frank, responde: «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea el Señor. Creo que Dios trabaja por el bien de quienes le aman. Este acontecimiento ha sido un gran mal. De todos modos, el amor de Dios ha sobrepasado este mal.

Al pensar en los terroristas, sólo puedo decir: “Padre, perdónales, porque no saben lo que han hecho”».

«Echo de menos de manera terrible a Frank y lloro mucho –confiesa Jean–, pero sé que seguirá ayudándonos desde el Cielo. Estoy pidiendo una intimidad más profunda con Cristo, pues estoy segura de que traerá frutos tan bellos como los que han surgido de mi intimidad con Frank».

«Frank –concluye– ha transmitido la fe a los niños y con frecuencia me consuelan con una palabra. Los niños son felices por el papá que tienen, pero echan de menos el no poder jugar con él, el no poder rezar con él, el no poder aprender con él, o no poder estar con él. Yo tengo miedo, pero me agarro al Señor. Ahora continuaremos, en la Iglesia, haciendo la voluntad de Dios».
ZS01110905

Extraído del Portal Católico www.ZENIT.org

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Aumentar nuestra fe

Éste texto lo envié a mi cadena de mails de F.E. y FE el 9 de Noviembre del año 2.001 en vísperas de mi Confirmación a los 41 años de edad.

Javier Serrano Agüero

24 de Abril 2.010

“Quiero compartir con todos una gran alegría que estoy viviendo. El próximo domingo, junto a un grupo de adultos, voy a confirmar mi compromiso cristiano por medio del sacramento de la Confirmación.

Para los que no conocen mucho de mí, les cuento que tengo 41 años y que recién en los últimos cinco años he reincorporado a Jesús en mi vida. Sucedió a partir de un par de fuertes sacudones. Mi gran amigo Pablo me acercó a la Virgen María, y ella sintiendo que mi alma se entregaba, me abrió el corazón a Jesús una mañana en la Iglesia de Flores antes de iniciar la peregrinación a Luján.

Desde esos días de 1996 mi vida ha cambiado y no tengo más que dar gracias a Dios por convertir mi corazón. A principios de este año decidí iniciar mi preparación en la Iglesia del Socorro para encarar y cumplir este compromiso que sentía pendiente en mi interior. Como agradecimiento y para unir aún más nuestros vínculos en la fe compartida, he elegido a Pablo Deluca como padrino.

Todo empezó a partir de que este gran amigo estuvo cerca de mí en momentos difíciles para toda mi familia y me hizo ver una luz; desde el momento que empecé a hablarle a Dios en la oración y a prestarle más atención, todo cambió. Poco a poco fui creciendo en la fe, la cual hoy me brinda una gran paz de espíritu.

Hoy quiero compartir mi felicidad para alentar a los que aún se encuentran un poco fríos en su acercamiento a Dios. Los invito a jugarse, a comprometerse en la relación con Jesús, a abrirse e interesarse más plenamente en sus enseñanzas, sus promesas y en su ejemplo. De la mano de la Virgen María todo es más fácil. Pidan su ayuda en sus oraciones.”

El siguiente texto extraído del Portal católico www.encuentra.com ( 2001 )complementa mi testimonio de hoy :

…Los apóstoles se manifiestan al Señor con toda sencillez. Conocen su fe insuficiente en muchos casos ante lo que ven y lo que oyen, y un día le piden a Jesús : ¡ Auméntanos la fe ! También nosotros nos encontramos como los Apóstoles; nos falta fe ante la carencia de medios, ante las dificultades en el apostolado, ante los acontecimientos que nos cuesta interpretar desde un punto de vista sobrenatural. Pero si vivimos con la mirada puesta en Dios no hemos de temer nada. Imitemos a los Apóstoles y con ánimo humilde pidamos al Señor : ¡ Auméntanos la fe ! La fe es el tesoro más grande que tenemos, y por eso hemos de poner todos los medios a nuestro alcance para conservarla y acrecentarla

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Hablar con Dios

Muchas veces no hablamos con Dios por el simple hecho de no “sentir” hacerlo, cuando hablar con Dios debiera ser algo como respirar, indispensable, vital y constante en nuestras vidas. El hecho de pensar que no somos “dignos” de Dios, o que no sepamos qué decir es una de las mayores trampas para alejarnos de Dios.

Si no sabes que decir, de qué hablar o cómo comportarte delante de Dios, dile aunque sea “No sé qué decir”, pero habla con Él y todo en tu vida mejorará al tener presente a un Dios amigo, todopoderoso y siempre atento…haz la prueba.

Colaboración de Ana Etchepareborda de Teste ( 2001 )

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