Tus hijos

Tus hijos no son tus hijos,

son hijos e hijas de la vida,

deseosa de sí misma.

No vienen de tí, sino a través de tí

y aunque estén contigo,

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas

viven en la casa del mañana,

que no puedes visitar

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures

hacerlos semejantes a tí.

Porque la vida no retrocede

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,

como flechas vivas son lanzadas.

Deja que la inclinación

en tu mano de arquero

sea para la felicidad.

Kahlil Gibrán

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¿Quién se ha llevado mi queso?

El “queso” del relato representa cualquier cosa que queramos alcanzar – la felicidad, el trabajo, el dinero, el amor – y el laberinto es el mundo real, con zonas desconocidas y peligrosas, callejones sin salida, oscuros recovecos… y habitaciones llenas de queso…

 

El cambio es un hecho

El queso se mueve constantemente

Prevé el cambio

Permanece alerta a los movimientos del queso

Controla el cambio

Huele el queso a menudo para saber si se está enmoheciendo

Adáptate rápidamente al cambio

Cuanto antes se olvida el queso viejo, antes se disfruta del nuevo

¡Cambia!

Muévete cuando se mueva el queso

¡Disfruta del cambio!

Saborea la aventura y disfruta del nuevo queso

Prepárate para cambiar rápidamente

y disfrutar otra vez

El queso se mueve constantemente

Extraído del libro ¿Quién se ha llevado mi queso?

Cómo adaptarnos a un mundo en constante Cambio

 

de Spencer Johnson Colección Empresa XXI

 
 

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La plegaria de San Francisco

Señor, hazme un instrumento de tu paz.

Donde haya odio, déjame sembrar amor ;

donde haya perjuicio, perdón ;

donde haya duda, paz ;

donde haya desesperación, esperanza ;

donde haya oscuridad, luz ;

donde haya tristeza, júbilo.

Oh, divino Maestro, concédeme que no busque tanto

ser consolado como consolar,

ser comprendido como comprender,

ser amado como amar.

Porque es en el dar que recibimos ;

es en perdonar que somos perdonados ;

es en morirnos que nacemos a la vida eterna.

Que esta oración te acompañe y te sirva de guía hoy y siempre.

Las mil canicas ( bolitas )

Entre más envejezco, más disfruto de las mañanas de sábado.  Tal vez es la quieta soledad que viene con ser el primero en levantarse, o quizá el increíble gozo de no tener que ir al trabajo.
De todas maneras, las primeras horas de un sábado son en extremos deleitosas.
 
Hace unas cuantas semanas, me dirigía hacia mi equipo de radioaficionado en el sótano con una humeante taza de café en una mano y el periódico en la otra.  Lo que comenzó como una típica mañana de sábado se convirtió en una de esas lecciones que la vida parece darnos de vez en cuando.  Déjenme contarles.
 
Sintonicé mi equipo de radio a la porción telefónica de mi banda para entrar en una red de intercambio de sábado en la mañana.  Después de un rato, me topé con un compañero que sonaba un tanto mayor, con buena señal y voz.  Pueden imaginarse al tipo, sonaba como si estuviese en el negocio de las comunicaciones.  Él le estaba diciendo a quien estuviese conversando con él algo acerca de "unas mil canicas".
 
Quedé intrigado y me detuve para escuchar lo que tenía que decir.  "Bueno, Tom, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo.  Estoy seguro de que te pagan bien pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo.  Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta o setenta horas a la semana para sobrevivir.  Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija". Continuó: "Déjame decirte algo, Tom, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades".  Y entonces fue cuando comenzó a explicar su teoría sobre unas "mil canicas".
 
"Ves, me senté un día e hice algo de aritmética.  La persona promedio vive unos setenta y cinco años.  Yo sé, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos setenta y cinco años".  "Entonces, multipliqué 75 por 52 y obtuve 3,900 que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida.  Mantente conmigo, Tom, que voy a la parte importante".
"Me tomó hasta que casi tenía cincuenta y cinco años pensar todo esto en detalle", continuó, "y para ese entonces ya había vivido más de dos mil ochocientos sábados.  Me puse a pensar que si llegaba a los setenta y cinco, sólo me quedarían unos mil más que disfrutar":  "Así que fui a una tienda de juguetes y compré cada canica que tenían.  Tuve que visitar tres tiendas para obtener 1,000 canicas.  Las llevé a casa y las puse dentro de un gran envase plástico claro junto a mi equipo de radioaficionado.
 
Cada sábado a partir de entonces, he tomado una canica y la he botado". "Descubrí que al observar cómo disminuían las canicas, enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida.  No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra para llevarte a ajustar tus prioridades". "Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos y lleve a mi bella esposa a desayunar.
 
Esta mañana, saqué la última canica del envase.  Me di cuenta que si vivo hasta el próximo sábado, entonces me habrá sido dado un poquito de tiempo adicional.  Y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo".
 
"Me gustó conversar contigo, Tom, espero que puedas estar más tiempo con tu familia y espero volver a encontrarnos aquí en la banda, el hombre de 75 años, este es K9NZQ, cambio y fuera, ¡buen día!"
Uno pudiera haber oído un alfiler caer en la banda cuando este amigo se desconectó.  Creo que nos dio a todos bastante sobre lo qué pensar.  Había planeado trabajar en la antena aquella mañana, y luego iba a reunirme con unos cuantos radioaficionados para preparar la nueva circular del club.  En vez de aquello, subí las escaleras y desperté a mi esposa con un beso.
 
"Vamos, querida, te quiero llevar a ti y los muchachos a desayunar fuera".
"¿Qué mosca te picó?"  Preguntó sonreída.  "Oh, nada; es que no hemos pasado un sábado juntos con los muchachos en mucho tiempo.  Hey, ¿pudiésemos parar en la tienda de juguetes mientras estamos fuera?  Necesito comprar algunas canicas".
 
Envió: Jenny Gaytán
 
Extraído del Portal Católico www.encuentra.com
 

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Historia de un Samurai

Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
 
Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí.  Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
 
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha.  Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama.
 
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
 
Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzó a insultar al anciano maestro.  Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-.
 
Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.  Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
 
Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:  -¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad?  ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?
 
El maestro les preguntó:  -Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?  -A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.
 
Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-. 
Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.
 
Envió:  Zulma Karina Shombor de León
 
Tomado del Portal Católico www.encuentra.com
 

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Himno a la caridad / amor

Aunque tuviera plenitud de fe

como para trasladar montañas,

si no tengo caridad, nada soy.

Aunque repartiera todos mis bienes,

y entregara mi cuerpo a las llamas,

si no tengo caridad, nada me aprovecha.

La caridad es paciente, es servicial;

la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa,

no es engreída; es decorosa;

no busca su interés; no se irrita;

no toma en cuenta el mal;

no se alegra de la injusticia;

se alegra con la verdad.

Todo lo excusa. Todo lo cree.

Todo lo espera. Todo lo soporta.

La caridad no acaba nunca.

1ra. Epístola de San Pablo a los Corintios ( Co 13 2-8 )

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La Tacita

Se cuenta que alguna una vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas.

En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. “Me permite ver esa taza?”, preguntó la Señora, “nunca he visto nada tan fino como eso!”. En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó:

– “Usted no entiende! Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo! Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperó y le grité “Por favor!!. Ya déjame en Paz!”. Pero sólo me sonrió y me dijo “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.” Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor! Me pregunté por qué mi creador querría quemarme, así que toqué la puerta del horno. A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi creador que me decían: “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo”. Finalmente se abría la puerta.

Mi creador me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. “Así está mucho mejor!” me dije a mí misma, pero apenas yo me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. El olor de la pintura era horrible! Sentía que me ahogaría! “Por favor detente!” le gritaba yo a mi creador, pero Él sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía “aguanta un poco más, todavía no es tiempo”.

Al fin dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno! No era un horno como el primero, sino que era mucho más caliente! Ahora sí estaba segura que me sofocaría! Le rogué y le imploré que me sacara! Grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo “aguanta un poco más, todavía no es tiempo”. En ese momento me di cuenta que no había esperanza! Nunca lograría sobrevivir a ese horno! Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abría la puerta y mi creador me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aun más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara.

Después de una hora de haber salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo: “Mírate! Esta eres tú!” Yo no podía creerlo! Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso!

Mi creador nuevamente me dijo: “Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos, pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tú eres un producto terminado! Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!”.

Colaboración de Cristina Minolli

Igual pasa con nosotros. Dios nunca nos va a tentar ni a obligar a que vivamos algo que no podamos soportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. Él es el artesano y nosotros somos el barro con el cual Él trabaja. Él nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad.

 
 
 

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Cuando

Cuando se afirma la  fe se desarrolla la esperanza.
Cuando hay esperanza se cultiva el amor.
Cuando brilla el amor se amplía la conciencia.
Cuando se tiene conciencia se descubre el sentido.
Con el conocimiento del sentido se alcanza autonomía.
Con el uso de la autonomía se logra autoridad.
Con el ejercicio de la autoridad se asume la responsabilidad.
Con el empleo de la responsabilidad se despierta el coraje.
Si se tiene coraje se incrementa el vigor.
Si se cultiva el vigor surge la alegría.
Si se vive con alegría se aprende a correr riesgos.
Si se sabe correr riesgos se cultiva la humildad.
Cuando se es humilde se incrementa la sabiduría.
Cuando hay sabiduría se ejercita la libertad.
Cuando se asume la libertad se irradia paz.
Cuando hay paz se logra armonía.
Con la armonía se puede dar lo mejor de sí mismo.
Con lo mejor de sí mismo se arriba a la plenitud.
Si se tiene plenitud se alcanza trascendencia.
Si se logra trascender se obtiene felicidad.
Si hay felicidad se logra cumplir con la misión
que el Supremo Creador y la vida nos habían destinado.
Cuando se cumple con esta misión se está más cerca de Dios.
 
Jorge Gabriel Castellá
 
Colaboración de Claudia Deluca
 
 
 
 

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Uno aprende

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, que el amor no significa acostarse y una relación no significa seguridad; y uno empieza a aprender que los besos no son contratos y los regalos no son promesas; y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.  Que hay que plantar su propio jardín y decorar su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno vale, y con cada día... uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona sólo por compañía a tu soledad, irremediablemente acabaras no deseando volver a verla.
Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se vera rodeado sólo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba ya no tiene ningún sentido.
Pero desafortunadamente... sólo con el tiempo.
 
Envió: Maria V. Bernal

Extraído del Portal Católico www.encuentra.com

 

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Oración para padres

Señor Dios
Dame un corazón paternal para amar a mis hijos promoviendo su crecimiento
y líbrame del paternalismo, que los ahoga y paraliza.
Dame un corazón libre para reconocer a mis hijos la libertad de ser ellos mismos,
aunque sus caminos no coincidan con mis deseos y expectativas.
Dame un corazón generoso para desear a mis hijos “lo mejor para ellos mismos”
reconociendo que yo no sé lo que es mejor para ellos,
y que son ellos quienes deben buscarlo y decidirlo.
Dame un corazón amistoso para escuchar y comprender a mis hijos
en un diálogo franco y acogedor.
Dame un corazón maduro para amar y aceptar a mis hijos incondicionalmente
y no sólo si son como yo quiero y hacen lo que yo espero.
Dame un corazón inteligente para proteger a mis hijos mientras me necesitan
y retirarme cuando ya no me necesitan,
Sin imponerles una sobreprotección que los irrita y perjudica.
Dame un corazón sabio para discernir lo más acertado para cada edad,
para cada momento, y para cada uno de mis hijos.
Dame un corazón sincero para que tenga la honestidad de no decir
que hago por mis hijos, lo que en realidad hago por mi mismo.
Dame un corazón respetuoso para ofrecer a mis hijos mis consejos
sin imponerles mis convicciones, para entregarles mi experiencia
sin condenarlos y humillarlos cuando hacen su propia experiencia.
Dame un corazón misericordioso para perdonar a mis hijos,
dándoles una nueva muestra de confianza y una nueva oportunidad  cada vez
que la necesitan, para crecer y cambiar superando sus errores y debilidades.
Dame un corazón humilde para que no confunda autoridad con autoritarismo
y para crecer con mis hijos que crecen, sin instalarme en la autosuficiencia
y en la incapacidad de reconocer mis fallas y mis errores.
Dame un corazón fuerte para saber “perder” a mis hijos
dejándolos crecer y partir, porque quiero conocer la alegría
de “recuperarlos” adultos, sin exponerme a perderlos reteniéndolos como niños.
Rene Trossero
 

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No llores si me amas

¡Si conocieras el Don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oir el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver con tus ojos los horizontes, los campos eternos
y los nuevos senderos que atravieso!
¡Si pudieras por un instante, contemplar como yo
la belleza ante la cual los astros palidecen!
Créeme : cuando la muerte venga a romper tus ligaduras
como ha roto las mías y cuando un día que Dios ha fijado y conoce,
tu alma venga a este cielo en que te he precedido,
ese día volverás a verme y encontrarás mi corazón que te amó
y te sigue amando, con todas las ternuras purificadas.
Volverás a verme pero transfigurado y feliz,
avanzando contigo por los senderos nuevos de la luz y de la vida,
bebiendo a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Por eso, no llores si me amas.
 
San Agustín
 
 
 

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En el nombre del padre

Javier Saviola

Los chicos crecen. Y Javier lo hizo rápido…Así, como él en la cancha, su carrera tuvo un comienzo explosivo, vertiginoso, imparable. Llegó al título mundial con el seleccionado Sub 20, el pase a Barcelona, los millones, las luces…Ayer, como una continuidad incontenible, el Pibito jugó por primera vez en el Camp Nou y marcó el primer gol en la victoria por 3 a 2 sobre Parma, en la Copa Joan Gamper.

“Para vos Papi”, decía la remera que mostró Javier en la carrera descontrolada tras la anotación….buscó a su madre, Mary, en la platea del estadio. Lloraron juntos a la distancia. Se lo había prometido a su padre, Roberto, antes de su muerte, el 7 del actual. “No voy a bajar los brazos, voy a seguir como siempre”, fue el juramento.

 

Tarde o temprano, la vida da esos cimbronazos que calan hondo, que hacen revisar en lo más profundo de uno mismo recuerdos olvidados, detalles que parecían mínimos, pero que finalmente son la base para salir adelante. Una situación como la que atraviesa Javier hace que esa revisión sea diaria y se ejecute mas allá del dolor.

 

Saviola lo sabe muy bien y lo lleva a cabo desde hace tiempo. Compartió su pena con su gente de confianza y no se guardó lágrimas cuando tuvo ganas de llorar…“Tengo ganas de salir a la cancha y dedicarle un gol a mi padre, recién fallecido, que me esta viendo desde allá arriba”, había dicho Javier, anteayer.

La mejor manera de homenajear a quien ya no está es hacer lo que uno siempre hizo, quizá con más ganas que antes, como para dejar en claro que la lucha constante de un ser querido contra una enfermedad tan terrible como el cáncer no fue en vano y dejó la mejor enseñanza: no bajar nunca los brazos….

Un pibe grande, cuya actuación de ayer va más allá del futbol, de los millones de dólares y de un resultado. Fue la confirmación de un legado, el cumplimiento de una promesa: concretar lo que su papá hubiera querido para él en la noche catalana.

El dolor del consejo ausente, del abrazo perdido y la imagen permanente no se irán nunca.

Sólo queda una alternativa : seguir adelante, en el nombre del padre. A él le toca hacerlo con goles; a otros, de una manera distinta.

Hernan Finessi

La Nación, sección Deportiva 18 de Agosto 2001

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Decálogo de la serenidad

Sólo por hoy atenderé exclusivamente los afanes que me traiga el día, sin preocuparme por resolver los problemas de mi vida, todos de una sola vez.

Sólo por hoy cuidaré la pulcritud de mi persona, seré cortés en mis maneras, no criticaré a nadie, y no me ocuparé de mejorar ni disciplinar a los demás, sino a mi mismo.

Sólo por hoy seré feliz con la convicción de que el Creador me ha hecho apto para la felicidad, no solamente en el mas allá, sino también aquí en la Tierra.

Sólo por hoy procuraré que mis deseos se adapten a las circunstancias, en vez de pretender que las circunstancias se adapten a mis deseos.

Sólo por hoy dedicaré una parte de mi tiempo a la buena lectura; porque así como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así también la lectura es necesaria para la vida del espíritu.

Sólo por hoy haré una buena acción, y no se lo contaré a nadie.

Sólo por hoy afrontaré una tarea en cuyo cumplimiento estoy demorado. Y si por algo me sintiese herido en mis sentimientos, trataré de no manifestarlo.

Sólo por hoy me haré un programa detallado. Tal vez no lo cumpla enteramente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades : la indecisión y la prisa.

Sólo por hoy creeré firmemente – aunque las circunstancia parezcan demostrar lo contrario – que la providencia de Dios se ocupa de mi, como si nadie más que yo existiera en este mundo.

Sólo por hoy no tendré temores. Creeré en la bondad, disfrutaré de la belleza y haré el bien que pueda en este día, sin que me perturbe el pensamiento de tener que hacerlo durante toda mi vida.

Papa Juan XXIII

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